Es importante que a la hora de preparación del biberón se sigan las recomendaciones indicadas en el envase para garantizar unas condiciones higiénicas adecuadas que evitarán posibles contagios al bebé:
1. Lavar bien las manos con agua y jabón y esterilizar las tetinas y biberones a utilizar.
2. Hervir la cantidad requerida de agua en el caso de utilizar agua del grifo (1 minuto máximo), o en su defecto emplear agua embotellada de mineralización débil que no necesita ser hervida. No se recomienda hervir una gran cantidad de agua para utilizarla poco a poco, por el riesgo de contaminación posterior y por la concentración paulatina de solutos debida a la evaporación a lo largo del tiempo.
3. Siguiendo el esquema de dosificación indicado en el envase o recomendado por el pediatra, verter la cantidad exacta de agua en el biberón.
4. Añadir al biberón con agua el número correspondiente de medidas enrasadas y sin comprimir (por cada cacito de leche en polvo se utilizará 30 ml de agua, ya que si ponemos más agua de lo normal disminuirá el aporte nutritivo, y si concentramos excesivamente el biberón podremos causar problemas digestivos al niño); es importante recordar que únicamente se debe utilizar el cacito que se encuentra en el interior del envase, ya que cada etapa y leche infantil tiene su propio cacito.
5. Colocar la tetina sin tocarla y agitar hasta la completa disolución del polvo.
6. Comprobar la temperatura del biberón echando unas gotitas del mismo sobre el dorso de nuestra muñeca: la temperatura idónea sería 36-37ºC que es la misma de la leche materna y de nuestro cuerpo; no conviene calentar el biberón ya preparado en el microondas, ya que al no existir un calentamiento homogéneo existe el riesgo de quemaduras del lactante.
7. Una vez finalizada la toma, tiramos el alimento sobrante y limpiamos todos los utensilios utilizados.